¿QUIEN QUIERE DOSCIENTOS PESOS?
Poesía

¿QUIEN QUIERE DOSCIENTOS PESOS?

14 de junio, 2026
2 min lectura
Por Dr. Roberto González

¿Quién quiere doscientos pesos?

Yo tuve una madre buena. 

Yo tuve madre Santa. 

La que me arrulló en la cuna. 

y lavó mi ropa blanca 

de noche frente a la luna. 

La que con ojos cansados 

veló mi cunita, enferma,

mientras sus manitas buenas

cosían ropas deshechas. 

La que me enseñó, piadosa,

mis oraciones de niño,

y me ayudaba en la escuela

más que nada por cariño. 

Yo tuve una madre buena 

Yo tuve una madre Santa. 

Con cuántos desasosiegos

no costeó la pobrecilla

mis estudios de primaria

Con cuánta ropa lavada

y planchada, mi mamita,

no pagó mi secundaria. 

Y aún recuerdo que por pena,

delegó en una sobrina

el hecho de acompañarme

marchando por el estrado

al recibir mi diploma

legal de bachillerato.

Porque por vestirme bueno

con traje de tela cara

ella, la pobre se puso,

tela de ropa barata. 

Y en el fondo de la sala,

la recuerdo arrinconada.

Y mientras toda la gente

con regocijo aplaudía,

por su cara dulce y buena,

lágrimas de amor y dicha

corrían por sus mejillas. 

Yo tuve una madre buena,

Yo tuve una madre Santa. 

Quise estudiar Medicina.

la especialidad buscada

en mi país no existía,

y en un país extranjero

la estudié por su porfía. 

— Vete, me dijo márchate

A coronar tu carrera,

Que aunque jirones de la vida,

deje lampaceando pisos,

yo te juro que dinero

te llegará día a día. 

Y me lo envió. “Pobrecilla”.

Y nunca me faltó nada.

Y por cinco largos años

Sus manos sacrificadas

hicieron que ver pudiera

mi carrera coronada. 

Triunfé. Tan brillantes notas

obtuve que, en pago y premio,

me dieron con el diploma

más alto que dar se pueda

mi pasaje de regreso.

Y volé...

Y volé con ansias locas

De entregar aquel 

A quien más lo merecía,

Para ponerlo en sus manos,

Y gritar a pulmón lleno

Que era suyo más que mío.

A la casa llegué loco de contento,

de alegría,

y al golpear a la ventana

porque la puerta no abría,

una vecina de 

me dijo:

— ¿A quién buscas?

— A mi madre, le contesté muy ufano.

— ¿La viejita que lavaba

pisos de noche y de día?

— Sí, le dije: ¡Esa es mi madre!

La mejor del mundo, ¿sabe?

Y cómo no he de saberlo

me dijo aquella vecina

si murió lavando pisos anteayer. 

Y ayer, cuando la enterramos,

al desasirle las manos,

que las tenía crispadas,

le encontré doscientos pesos:

los últimos que ganara

para enviárselos a su hijo,

y ayudarle a que a su lado

lo más pronto regresara. 

— Tómalos. Aquí los tienes.

Es dinero bien ganado.

— ¡Y no iba a serlo! Aquí están

doscientos pesos cansados.

— ¿Los quiere alguien? Los regalo.

Tómenlos, por Dios, que a mí...

¡A mí me queman las manos!.. 

*Profesor de generaciones, poeta, pianista y músico. Nació en Ciudad Antigua, Nicaragua el 31 de octubre de 1926."

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